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Mostrando las entradas etiquetadas como De libros

Tu cuerpo no será nunca más Omagua

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El Dorado se ha vuelto este día a día bajo esta luz, conquistando imaginarios de potencial realidad mientras el café está caliente y las páginas cortan mis dedos. Hoy es un constante pasar y pasar de hojas como instantes y no necesito de afuera. Cuando me enfrente a los lobos de nuevo, tendré la astucia de Mowgli y la inteligencia de Elizabeth, seré un indígena de Omagua, me habré inventado el amor... y habré acertado. Nada más me hace falta porque olvidé la geografía de tu cuerpo. 
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...Lo que le falta a usted señorita Warrington, es coraje y práctica, ambas cosas son inútiles si no van juntas... Del libro fin de viaje Virginia Woolf

Recuerdo

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Eso quería decirte - Levántate, sin echar cuenta de las veces que has tropezado- Pero te caíste, o  te fuiste y los que nos caímos fuimos nosotros. Te fuiste y el recuerdo es la sonrisa y el abrazo y el último adiós y la noticia y la lágrima y el paisaje desolador de tu casa sin ti.  Ya no duele, porque pervive más tu grandeza. 

¿Qué era de ti?

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...De mi era una crisálida que no ha querido ser mariposa, de mi era un poema que no se escribió en ningún libro, de mi era un violoncello que no volvió a cantar, de mi era un acorde de guitarra que olvidé en un laberinto... de mi era una mujer grandota que se quedó chiquita. De mi era el rostro de tu olvido profundo, olvido que se hizo olvido, para ser libre de tu pesada admiración.  Respuesta a la pregunta del amigo Andrés Zapatón. 

Yo lo que necesito más bien es dormir... preferiblemente siglos!

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Que mi alma no hable y que no se congracie con lo que digo y que lo que digo se desconecte por completo de lo que pienso, aún si lo que pienso sea el telar de fondo de lo que digo: Ayer hice un tendido con telas del pasado, y dejé puntadas para que esa construcción le hable en coplas de retos al futuro. Me sumerjo siempre dos o tres veces en el mismo rio, en aguas estancadas llenas y cansadas de primaveras, en aguas tan frías que a su alrededor nieva, aguas congeladas que se clavan a mi cuerpo como agujas. Empaño mi cuerpo con lilas y claveles y el fondo lo mezo para que los peces se coman mis migajas, para tentar a las pirañas, las enredaderas que atan mis pies para que no vuelen, para que vaya tan lejos como pueda, o para que me tire al vacío. He soñado que soy el mesías, he soñado que soy el arma del vencedor, el sombrero de Indiana, el dedo acosador del tío Sam. He soñado con hectáreas hechas de nubes grises donde caminan los muertos medievales que sobreviven en el tiempo, en ...
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El último libro de Saramago que como acostumbra el "Honorato" señor, me ha sacudido el alma.