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Mostrando las entradas etiquetadas como Autismos y nimiedades

Día #6 Que no se crea el putas de aguadas, pero que muy disimuladito, lo sea.

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Para establecer la rutina. Veinte días de nimiedades. Pasan por el “haber” una serie de personajes simpáticos, de todas las tallas, colores y formas… y yo ¿qué puedo hacer? Fallé, fallaron, no eran, se fueron, me fui. Resulta que en la mesa, los sábados, en casa de mi madre, he escuchado varias veces la expresión: “Te está dejando el tren”. La última vez que me han dicho esta frase descarada, cotidiana y absurda, pregunté, un poco sardónica: -¿Debo montarme a tren alguno? A ver… ¿de qué tren hablas? ¿a dónde me lleva ese tren? ¿por qué es tan magesticamente importante que me suba a ese bendito tren que te inventaste?... sonrió mi interpelado y yo, otra vez sardónica rematé: -El día que alguien me diga a dónde lleva ese dichoso tren, me subo pues. Estoy parada en la estación, no soy Penélope. Estoy más enfocada en los entramados de la luz en los rostros, el alfabeto juega entre los rieles, es más, puedo ver que del reloj de la torre salen pequeños enanos, estoy más concentrada...

El regreso de las cosas viejas

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Un café en la tarde de cara a la ciudad hoy nueva, nuevos los edificios, nuevos los parques, nuevas las vitrinas, nuevo su entusiasmo. -Muy lindo el anuncio de esa vieja librería- pensó. Un viaje en tren y un libro. Le pareció bella la portada, se acercó a la vitrina de la Librería nueva en Junín al frente del edificio coltejer. Ahí estaba. Lo vió después de hace muchos años, tenía un libro de Borges en las manos. Tartamudeó en sus adentros, dejó caer su café. De repente todo se volvió viejo, viejo el edificio, vieja la Librería Nueva, viejos los rostros, viejo el día, viejo el sentimiento. Se enfermó el cielo, quiso volver a casa. Todo acabó.

De cuevas supersónicas y su respectivo homo

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Dejar de escribir sobre el hombre supersónico, hablar tal vez del reloj de arena y del tiempo finito de los orgasmos, el tiempo contado mientras se muere en las vías del tren y los restos del pacto son el suspiro y el desgano. La humedad se aventaja en las sábanas y dos cadáveres yacen en la almohada, sin respirar y con el aliento enmohecido, con las palabras empeñadas en el deceso. La paz de algunas cavernas, se parecen a sus cavernícolas. Unas están llenas de libros y pensamientos, de especias en la cocina, de gatos y juguetes. Otras en cambio están llenas de vacío y suciedad, de humedad y abandono. Unas están llenas de letras y de finos detalles, de molas y discos, de dinosaurios, de hojas en el piso, de máquinas de escribir y de vasos de ayer, algunas huelen a cigarrillo, otras a wiski, a cerveza o a incienso.  Las cuevas más peligrosas son las autónomas y solitarias, las que suenan a jazz y a horas enteras de trabajo y pensamiento antigregario y eremita, las que huelen a ...

Tu cuerpo no será nunca más Omagua

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El Dorado se ha vuelto este día a día bajo esta luz, conquistando imaginarios de potencial realidad mientras el café está caliente y las páginas cortan mis dedos. Hoy es un constante pasar y pasar de hojas como instantes y no necesito de afuera. Cuando me enfrente a los lobos de nuevo, tendré la astucia de Mowgli y la inteligencia de Elizabeth, seré un indígena de Omagua, me habré inventado el amor... y habré acertado. Nada más me hace falta porque olvidé la geografía de tu cuerpo. 

A dormir loca, hippie de Pollux

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Todos tienen un gnomo adentro. Debe ser una palabra antigua la que habita en el interior de cada uno, tan antigua como el mundo y debe ser un verbo conjugado enteramente por el universo infinito. Recuerdo que en una película, una hermosa mujer envió a su gnomo a viajar por el mundo y luego recorrió los lugares que visitó el gnomo. Gnomo cuidador de tesoros subterráneos, sabedor de perlas del ser profundo, custodio de piedras preciosas en la montaña del pensamiento. En algún espacio-tiempo perdí a mi gnomo, o lo empeñé para comprar cicatrices y dolores y quiero recuperarlo. ¿Acaso dónde se pide información por gnomos perdidos en la oficina de cuál ministerio? He perdido la astucia que alimentaba a este ser diminuto. He perdido la gracia con que se paseaba por los corredores de mi mente y quiero recuperarlo, le exijo al universo me repare en daños. Dice el diccionario ilustrado que yace muerto en el extremo inferior de mi biblioteca sin ser evaluado en años de angustioso a...

Izquierda y derecha, la silla de la reina y la acústica del mundo

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Llegó al teatro sola, como acostumbraba los martes en la tarde con su botella de agua y un paquete grande de choclitos.  Giró a la izquierda como siempre y se sentó en la última fila de la platea de abajo segunda silla del corredor a la izquierda, que no era precisamente la silla de la reina por donde entraba un incómodo rayo de luz que impedía ver lo que al frente sucedía, ni la silla de la acústica  de pozo, donde las voces del escenario entran como si dieran la espalda al oyente y el hablante hablase a través de un tarro de lata. Era su silla favorita y siempre estaba vacía porque a esa hora de la tarde, solo iban dos o tres ancianos y el mismo grupo de jubilados que gustan de los clásicos, que luego discutirán la película en la plazoleta central del Carlos E Restrepo tomando aromáticas de frutas o té verde. Esta solitaria no es especialmente bella, a pesar de que su nariz tiene una deliciosa curva respingada y su mentón un curioso hoyuelo que realmente provoca aca...

Una de hace tiempo

Eres Feliz Eres feliz yéndote de mi  y viniéndote en otras columnas, en otras piernas. Eres feliz esquivando este rostro y lamiendo selvas de otras tierras. Eres feliz dando de beber contadas miradas a estos ojos sedientos y recorriendo descuidadamente otros cuerpos rosados llenos de sol. Eres feliz jugando con mi tiempo y entrando por minutos cortos en cavernas húmedas y respiros agitados donde viertes tu deseo momentáneo. Te fugaz en la mañana  porque eres feliz yéndote. Vienes a mi luego después de venirte en otras. No quieres entrar en mi sin conocerme no quieres entrar en mi porque dices que me amas no quieres lastimarme... Hazme daño y lastímame. Eso a mi me haría feliz.  (La primera línea del arco iris. 2003)

Una Alerta para mi mente

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Creo que he tocado fondo. He llegado al final del pozo que se ha vuelto mi mente. No controlo mis afectos, no controlo mi cuerpo, no controlo mi mente. Si no he tocado el fondo aún estoy muy cerca de darme un golpe, de topar con las últimas piedras, esas que van a lastimarme. ¿Acaso nadie lo piensa? Me he lastimado una rodilla y no supe cómo sucedió, ¿acaso nadie se conduele? Los vi en un momento de la noche, a todos discutiendo como animales, se hablan duro, se quieren con un amor que no puede ser cierto, cantan y ríen como si no hubiera mañana. Cuando el mañana llega les duele la cabeza y juran no volver a hacerlo. Eso he sentido en la mañana. Timbré y no me abrieron, entonces volví a la fiesta. No me controlo y bebo más líquido amargo, o ¿acaso a qué sabe ese chirrinchi, ese licor asquiento, esa agua de los infiernos? Si no he tocado fondo, voy, muy consiente de ser la espectadora del abismo, la Alicia en ese extraño país que es el no recordar dónde y cómo se estuvo en es...

¿Qué era de ti?

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...De mi era una crisálida que no ha querido ser mariposa, de mi era un poema que no se escribió en ningún libro, de mi era un violoncello que no volvió a cantar, de mi era un acorde de guitarra que olvidé en un laberinto... de mi era una mujer grandota que se quedó chiquita. De mi era el rostro de tu olvido profundo, olvido que se hizo olvido, para ser libre de tu pesada admiración.  Respuesta a la pregunta del amigo Andrés Zapatón. 
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  Benditas reminiscencias Era 1995. Sonaba en MTV y en Veracruz Estereo. La grabé en un casete, "Garrapatié" en la vieja guitarrona de mi papá y se la canté a John el niño de en frente. Fue mi primera serenata.
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Hálito y suspiro -Tal vez amanezca algún día, un atardecer siquiera- pensó, con el optimismo del alpinista. Soñaba con un sol que se llevara esa "costra", esa alga venenosa que le dejó aquel cuando se fue. Volvió, sí, pero ya era de noche. Sus ojos se le habían llenado de un millón de soles y tenían tantas estrellas, era tan otro. No resistió tanta luz. Miró para otro lado, buscando el auténtico sol, el infinito y único. Solo encontró el movimiento de las olas y se cobijó con el mar. Se sumergió en una profunda oscuridad y su pupila palideció ante un recuerdo humectado de olvido. -El olvido- dijo, -con el tiempo se transformará en luz y volveré a ver.  Mientras tanto aquel, iluminado en su distancia con todas sus estrellas y el millón de soles ardía en su candileja lejano. -Volveré a ver- repetía cotidianamente como una oración en el festejo de las sombras. Nunca entendió que apagó su espíritu por un fantasma iluminado y que la verdadera luz, ascendía a sus ojos con ...