Día #6 Que no se crea el putas de aguadas, pero que muy disimuladito, lo sea.
Para establecer la rutina. Veinte días de nimiedades. Pasan por el “haber” una serie de personajes simpáticos, de todas las tallas, colores y formas… y yo ¿qué puedo hacer? Fallé, fallaron, no eran, se fueron, me fui. Resulta que en la mesa, los sábados, en casa de mi madre, he escuchado varias veces la expresión: “Te está dejando el tren”. La última vez que me han dicho esta frase descarada, cotidiana y absurda, pregunté, un poco sardónica: -¿Debo montarme a tren alguno? A ver… ¿de qué tren hablas? ¿a dónde me lleva ese tren? ¿por qué es tan magesticamente importante que me suba a ese bendito tren que te inventaste?... sonrió mi interpelado y yo, otra vez sardónica rematé: -El día que alguien me diga a dónde lleva ese dichoso tren, me subo pues. Estoy parada en la estación, no soy Penélope. Estoy más enfocada en los entramados de la luz en los rostros, el alfabeto juega entre los rieles, es más, puedo ver que del reloj de la torre salen pequeños enanos, estoy más concentrada...