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Mostrando las entradas etiquetadas como No hacen falta alas

Día #7 This land is mine

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Para establecer la rutina. Veinte días de nimiedades. “Llegado el tiempo de volverse, es menester no ocultarse tras mezquinos pretextos, sino de recurrir a la introspección y autoexaminarse. Y si uno ha cometido algún error, deberá reconocer su falta con magnánima decisión. He ahí un camino del que nadie habrá de arrepentirse”. Una vez la princesa se halla ante el vacío, querrá llenarlo, con imaginación o con certezas. Obtuvo ambas y halló desventura. Oh, frágil princesa. No te abandonan las duras palabras que cavan un profundo pozo en tus tiernas entrañas tan extrañas. A propósito en esas entrañas quedó un vacío insondable, el vacío de un error garrafal. Bendito Ho´oponopono. Curad mis entrañas vacías. Miro hacia adentro…todo eso que usted ve, todo ese horizonte, todo eso es mío. Esa tierra es mía, la conozco, fui yo misma, con este empeño, quien abonó la tierra. Todos esos frutos que ven mis ojos hacia adentro de un color azul oscuro como los ojos de aquel dragó...

Día #6 Que no se crea el putas de aguadas, pero que muy disimuladito, lo sea.

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Para establecer la rutina. Veinte días de nimiedades. Pasan por el “haber” una serie de personajes simpáticos, de todas las tallas, colores y formas… y yo ¿qué puedo hacer? Fallé, fallaron, no eran, se fueron, me fui. Resulta que en la mesa, los sábados, en casa de mi madre, he escuchado varias veces la expresión: “Te está dejando el tren”. La última vez que me han dicho esta frase descarada, cotidiana y absurda, pregunté, un poco sardónica: -¿Debo montarme a tren alguno? A ver… ¿de qué tren hablas? ¿a dónde me lleva ese tren? ¿por qué es tan magesticamente importante que me suba a ese bendito tren que te inventaste?... sonrió mi interpelado y yo, otra vez sardónica rematé: -El día que alguien me diga a dónde lleva ese dichoso tren, me subo pues. Estoy parada en la estación, no soy Penélope. Estoy más enfocada en los entramados de la luz en los rostros, el alfabeto juega entre los rieles, es más, puedo ver que del reloj de la torre salen pequeños enanos, estoy más concentrada...

Día #5 Subir al Himalaya o poner hojitas de lulo en los cuadernos para que sean aterciopeladas. Ambas cosas una aventura.

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Para establecer la rutina. Veinte días de Nimiedades. Vi el ojo del dragón y luego vi el pasado. Le llamábamos la casa de la metamorfosis, también tuvimos una casa que la llamamos La casa Fractal. Siempre buscando lugares, un hogar, un refugio, un lugar a donde ir. Y la verdad que era propicio tener un espacio nuestro, un taller literario, artístico, un lugar de debate, un lugar donde el café tuviera un olor diferente entre cigarrillos y óleo, entre libros y colores. Todo era la aventura. Abrir un blog era la aventura, escribir pasquines, leer un poema, escribirlo,  hablar del amor y filosofar el amor, filosofar la vida. La música sonaba tan bien, las películas se vivían… respirábamos juventud y creatividad. Jugábamos a hacer videos y entonces una idea cobraba vida con tal energía y entusiasmo. Ellas se acaloraban cuando hablaban de política… las fiestas se extendían a altas horas de la madrugada entre artistas, filósofos, actores, músicos, humanistas y poetas. Vaya ...

Corazón de jade que ni la muerte mata

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Me cambiaste la vida y te extraño. No quiero morir, solo quiero salir a correr hasta la Patagonia y devolverme       ... y...(Todos los dolores del alma que se sienten en las entrañas) ... esperar el día-tarde-noche en que pueda decir: "Y así, como si nada, alguien apagó la lluvia". Creo que nunca he estado tan sola. Esa soledad que ni la compañía acompaña, esa soledad de Dios, esa orfandad de estrellas, esa ausencia de carta astral, esa resequedad de lágrimas, ese estarse quieto asistiendo. Tan extraño que el día se mueve en el cotidiano entre hacer las cosas y morir, pero la muerte de las horas y la inmovilidad ante el suicidio de los segundos, que llegan a lo más alto del reloj y luego, el segundero que se tira en el abismo del medio segundo hasta el segundo siguiente que corre con la misma suerte y es su muerte hasta gestar una hora más que se muere en el ocaso. Hoy carezco de mar, hoy, carezco de amigos, hoy carezco de mi. Mañana no es la promesa cotidiana...

El precio de las sonrisas

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Me detengo. Miro hacia el frente. La fuente llena de monedas, el puente lleno de candados, el edificio lleno de vidas y cotidianos. Las calles relucientes de rostros. Creo que me he perdido, tengo esa sensación de cuando era chiquita y me aterraba tanto soltarme de la mano de mis padres en el centro de la ciudad. Desde mi espectro de visibilidad siempre veía perros abandonados, habitantes de la calle, desperdicios y suciedad, era un mundo realmente triste desde allí abajo y solo cuando el adulto que me paseaba de la mano se detenía, podía disfrutar de ese cielo siempre tan lejano, tan alto por encima de los edificios. Sí. Creo que me he perdido. Hace mucho rato solté la mano del adulto y ahora necesito una mano sabia y tranquila. Todos están ahí para mí, pero qué decir de esta gran tristeza que no puedes despegarte porque se ha adherido a ti como un cadillo que se pega a tu ropa cuando vas al bosque. Yo sonrío, tengo mis momentos, sin duda. También a veces soy graciosa y t...

Recuerdo

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Eso quería decirte - Levántate, sin echar cuenta de las veces que has tropezado- Pero te caíste, o  te fuiste y los que nos caímos fuimos nosotros. Te fuiste y el recuerdo es la sonrisa y el abrazo y el último adiós y la noticia y la lágrima y el paisaje desolador de tu casa sin ti.  Ya no duele, porque pervive más tu grandeza. 

¿Qué era de ti?

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...De mi era una crisálida que no ha querido ser mariposa, de mi era un poema que no se escribió en ningún libro, de mi era un violoncello que no volvió a cantar, de mi era un acorde de guitarra que olvidé en un laberinto... de mi era una mujer grandota que se quedó chiquita. De mi era el rostro de tu olvido profundo, olvido que se hizo olvido, para ser libre de tu pesada admiración.  Respuesta a la pregunta del amigo Andrés Zapatón. 

Espejismo

Escribí cartas que llegaron al buzón silencioso y la sangre seguía fluyendo porque no muero. Yo me pregunto ¿a dónde van las sonrisas? Yo no soy una mujer triste. No lo soy. Soy una mujer sonriente y lo sé muy bien porque mi sonrisa ha sido un éxito en los bares de vaqueros barbudos, donde lo objeto todo, menos si me hablan de noches estrelladas con la habilidad del inventor de cuentos creíbles. Mientras leíamos un cuento de Chéjov y mis ojos se recreaban en la nada irreal que es el pasaje de un libro, que se recrea en otros universos con la realidad que está hecha de espejismos donde todo sucede hasta el amor… ¿qué decía del momento? Ah sí, decía que leíamos un libro y en las imágenes se me atravesaba la imagen de la princesa sentada en el jardín del monasterio escuchando las ranas que cantaban sobre las hojas del año pasado y podía ver la luna y escuchar como en su soledad la princesa le coqueteaba en su grandeza burguesa, a los pobres monjes que la veían delirantes en s...