La plantada
La cita era a las dos de la tarde en la estación del metro. Cuando me desperté pensé: Si no voy se escribirá un paralelo, seríamos por siempre dos puntos equidistantes. Sin embargo y resuelta a ir, me puse un jean limpio, zapatos limpios y una camisa blanca, lavé mi cabello y usé unos pendientes pequeños. Dispuse los pasos a su rumbo, el encuentro era un hecho en mi cabeza. Los niños salían del colegio y el calor tendía al sol los cuerpos como lagartos sedientos. Los carros transitaban en fila india cómo si fueran todos al mismo lugar, a un lugar prometido, como filas de bancos, como un peregrinaje: Salve Dios nuestras almas. Me senté en una de esas sillas curiosas, abrí un libro y quise leer. Si no aparece no habré perdido el tiempo. Pensaba que las tardes son como mantas que mece el viento, pensé en metáforas absurdas: el sol como una moneda de quinientos, la luna como una moneda de doscientos, las gentes como menhires pálidos, las sillas como esculturas para las hormigas, ...