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Mostrando las entradas etiquetadas como Celeridad

La plantada

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La cita era a las dos de la tarde en la estación del metro. Cuando me desperté pensé: Si no voy se escribirá un paralelo, seríamos por siempre dos puntos equidistantes. Sin embargo y resuelta a ir, me puse un jean limpio, zapatos limpios y una camisa blanca, lavé mi cabello y usé unos pendientes pequeños. Dispuse los pasos a su rumbo, el encuentro era un hecho en mi cabeza. Los niños  salían del colegio y el calor tendía al sol los cuerpos como lagartos sedientos. Los carros transitaban en fila india cómo si fueran todos al mismo lugar, a un lugar prometido, como filas de bancos, como un peregrinaje: Salve Dios nuestras almas. Me senté en una de esas sillas curiosas, abrí un libro y quise leer. Si no aparece no habré perdido el tiempo. Pensaba que las tardes son como mantas que mece el viento, pensé en metáforas absurdas: el sol como una moneda de quinientos, la luna como una moneda de doscientos, las gentes como menhires pálidos, las sillas como esculturas para las hormigas, ...

¡Pardamente interesada!

El don de la ubicuidad

En algún momento se desprende mi alma que no alcanzo, que se me pierde en músicas desconocidas. La dejo viajar a sones insondables y antiguos, tan antiguos como es su edad misma. Vengo de hace miles de años, y mis miles de años juegan en el jardín de mi última infancia. Lloran de ansiedad mis ojos de encontrar y perder al siguiente paso. Al minuto siguiente, enamorada de la vida, mendigo palabras simples o compuestas, decido, al minuto siguiente, alejarme del dolor, auspiciarme en la memoria, quemar algún recuerdo que estorbe y seguir mirando, en el paisaje, en el día a día, en el cotidiano. Escucho como hierven las ollas del medio día, como se escurren las traperas de las vecinas comadronas, escucho como brillan el metal del taller, como pule los instrumentos un luthier. Estuve en la oficina del que aún no descansa por llenar sus bolsillos de dinero, y me aburrió el olor del papel estadístico y cuantitativo. Estuve al lado del guachimán que dejó entrar dos ladrones al centro comercia...

Tristeza

Tristeza... Verse en el espejo y no tener nada que decirse, Ni siquiera nada que mentirse. Tristeza ojos sin ojos, ojos sin luz Labios resecos y muy juntos. Tan parecido a la vida Este latir desesperado Este dolor de cabeza y de mundo Tan triste la vida sin sombras de alma Tan parecido a la muerte, soñar Y no recordar en la mañana Dónde se encuentra ese humo de imagen. Tan triste la vida estar tan solo hasta sin soledades Tan triste el alma sin sombras, El alma sin almas. Con quién si no hay alma se ha de conversar en los sueños? Estar solo con las soledades... Que tan parecido a la muerte...

Déjelo así, maldita sea!

Estaba ahí, mirando la vitrina. Le gustaba ver esos objetos brillantes que van y vienen e imaginar que pendía de esas pequeñas esferas que se ondulan. El suejeto X se acercó cargado de un olor especial, ese olor que es muy parecido al vino tinto con tabaco y picadura. Es mucho mas agradable que el olor a cigarrillo y cerveza o tequila, incluso mejor que el olor a colonia costosa. Es el olor salvaje de una promesa. Entonces, llena y espectante, cerró los ojos e imaginó la cara y cuerpo de ese olor. Ella esperaba al sujeto Y, pero al abrir los ojos se iría con el sujeto X, tras aquella promesa.

Trouble in mind, I'm blue

Así que aquí me trajo esto. Yo miro de un lado a otro, de una esquina a otra como una sospechosa y todo se paraliza. Yo me paralizo, y parezco un busto, una estatua. Un, dos, tres la ley del silencio!! y efectivamente se hace el silencio, a favor de mi locura, temporal,temporalmente loca. Desahuciada. Son plazos breves y aprendo a lidiar con ellos. Todo sucede en silencio. Respiro rápidamente, algo me espanta, tiene que ser si estoy tan gravemente asustada. Respiro, respiro, cuento hasta diez, hasta veinte, no, si sigo contando llegaré a un millón pero estaré muy mareada en el 1924. Así que decido talarear una canción, lo primero que se me ocurre y arranca por un la... uno muy triste, y desafinado. Es una zamba, de una sola nota, lo es hasta que se me cuela un sol sostenido y todo se derrumba. Pero ya estoy menos ansiosa, así que me paro a caminar un poco. Miro a mi izquierda, luego a la derecha. Si, debí esperar el bus. Me voy hacia la derecha. En esa esquina y a esa hora, hay un homb...