Las Olas

Soy. La que guarda gritos empolvados en la garganta, la descendiente de Eva, la nieta de su abuela, y la hija de su madre. La hermana del mister, la hija del don, la amiga, la tía, la novia, la enamorada, la histérica, la ezquizoide forma oblicua, un espiral rumbo a la Ibérica, un pedazo de carne voluptuoso, un cerebro que se alimenta de muchas letras desconocidas, la escritura mediocre de los dioses que olvidan, la inspirada en amaneceres que no ve por dormilona.

martes, 20 de octubre de 2015

Día #19 A un día de nimiedades. Música después del ocaso

Así están terminando mis 20 días de nimiedades. Me dí cuenta que la gran idea viene de la Resilencia. Que la escritura creativa viene del pensamiento asertivo... de no ser así, sería una escritura enferma... Me dí cuenta que sentir es la mejor influencia para todos, pese al dolor cuando el tren se va. Me detuve un instante al mirar al pelirojo en la otra estación. Pero después de un café, el petit rouge se me fugó entre a gente. 





Poder decir Adiós, es crecer



Santa Elena 19 de octubre de 2015.


Es la una de la mañana, los perros ladran. Duermes. ¿Duermes?. Pienso que duermes. Quisiera hablarte. Quise decirte que Fellini preguntó por ti en la mañana y que no supe que contestarle, luego se fue tras su ratón. Todavía lloro un poco y también tengo un poco de gripe… entonces puedo decir cuando un recuerdo me asalta por ahí, cuando todavía me persigue un beso tuyo o ese dulce “Crispy”: Uy esta gripe va a matarme… cuando en realidad lo que va a matarme es la distancia. 

Cuando estuve en España, mi abuela murió. La distancia fue un dolor muy fuerte, fue un desprendimiento, fue un desgarramiento, fue un desplazamiento, fue un adiós mortífero. Dolió mucho la muerte de la abuela… yo morí un poco con ella. Y le dije a su ser alado: Ahora eres parte del cielo. Cuando tu te fuiste, sentí un desprendimiento similar, pero no entiendo ese dolor porque nadie ha muerto, porque estuve contigo en el cielo y ahora estoy en el mismo cielo sin ti. 

Supongo que cuando una ama a alguien, con todas las cosas puestas en el futuro, más que en el instante, una crea un mundo. Supongo que después del Te amo y el Te quiero, cuando llega el “Gracias, abrazo”… entonces un mundo muere. No sé si en verdad pasó, si en verdad me amaste… no sé si yo me lo inventé, no sé si yo te inventé. Es increíble como una persona pudo llenar tanto un espacio… tu eco está en estas paredes… y como no te veo creo que lo inventé, luego te veo del otro lado y estás sin estar, como si estuvieras en otra dimensión, como si fuera Alicia mirándote desde el espejo. 

Tu presencia se siente ya distante, como las últimas ondas de un efecto dopler… ya distante entonces, quiero recordar tu voz, pero entonces recuerdo tu número celular... y empiezo a desmenuzarlo en una  cabalística incomprensible: 3 Inteligencia 00 Infinito 4 (Aire, tierra, fuego, agua) 6 La indecisión... y así hasta recordar que es solo un número celular... y logro despistar mi deseo de escucharte. 

Pensé escribirte cositas sencillas que no comprometieran nuestras posturas, cosas como: Te has puesto a pesar si tu fueras un contrabajo y yo un violoncello, que música fue la que hicimos juntos cuando hubo alegría, caricias, besos y tímidas discusiones? Dónde se habrían puesto en esa partitura de experiencia, nuestros silencios? Y entonces la lagrimita anime, porque no pude escribirte cositas…  porque es un censo común de todo el mundo, que te deje en paz, que decidiste irte, que debo tener dignidad, porque cuando alguien no te quiere no te quiere, porque “entendelo Cris, el man se abrió, el man te abrió”… 

...y lloro porque me niego a sentir esto tan común a todos los fines. Porque no te imagino en esa situación conmigo, porque me duele creer que después de amar ya no se ame. No sé cómo hacerlo, como escribirte. Porque ya no sé cómo te sientes, porque no me lo dices, porque no lo vas a decir. Porque cuando me escribes, me escribes cosas que no se cómo interpretar, porque te quiero mucho, y quiero hacerte reír… pero no aprendí cómo hacerlo. Hacerte reír porque pienso que estás triste, pero también siento que son cosas que me dices para alejarme. Pero We are the champions

Entonces me siento en la silla que tu me regalaste y empiezo a escribir desde mi comando. Una historia, una bella. No quiero ser magíster en historias que no he vivido. Quiero verte algún día y pensar: “Te amé con todo el cuerpo, las ganas, el alma, con todo el tiempo y toda mi tristeza. También te amé con toda mi felicidad". Y sentirme orgullosa de haberte amado. Así hayan nuevas personas en nuestras vidas o hayamos decidido continuar solos. Y sentirme orgullosa de haberte amado porque pueda aún ver, todo lo maravilloso que vi en ti.

Para mi esta respuesta: gracias cris, abrazo. Sin mayúsculas, dice que andas un poco de prisa. Pero también dice que guardas un poco de ternura. Eso basta, para no lastimar el recuerdo de tu abrazo en la cocina. Pero recuerdo que Fito dijo fuerte en su álbum beat: “Escribir con la birome palabritas en el cielo”… entonces recuerdo que tengo un blog en la nube al que puedo contarle esto y dejarte a ti sin mis palabras de montaña rusa, mis palabras ahora confundidas entre el adiós y el buenos días. Te extraño mucho por las noches, porque cambiaste mi rutina para escuchar música después del ocaso. Las baladas cursis tomaron matices de rosa: Magenta, aquellas que te gustaban...  y de allí al resto el rosa Queen, rosa Gerorge Michel y rosa Elthon Jhon. Quebraste mis copas, mis pocillos, pero Fellini quebró mi pocillo favorito y aún lo amo. Alguien me dijo que la balada no sirve mucho para estos casos, que me colabore. Pero creo que nada sirve para estos casos: voy del 400 golpes contra la pared hasta el Ella va triste y vacía.. Sin embargo sí hay algo que me hace sonreír… y es pensar en el pequeño ser que viene. No estoy en embarazo. Mi cuñada tendrá un bebé. Y eso me hace sonreír, porque siento buena energía llegando y yo te la envío desde mi silencio preparado, ensayado, poco espontáneo. No te escribo, no porque no quiera ni porque no me muera de ganas por hacerlo. No te escribo porque respeto tu silencio. Lo que me hace llorar, es pensar que ya no quieras saber qué hay en el mío. Cómo en los viejos tiempos.