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Todavía ausente, pero vos...frío, frío!!

…Yo en cambio, a menudo, me sorprendo de repente conmigo misma. Voy totalmente ausente de mi y cuando me encuentro:- Veeee, miráme, pero me olvido al momento siguiente, y voy por el mundo, así, buscando lo que no se me ha perdido (aún) y viéndome en las esquinas pero encontrándome muy sospechosa... Sí, a menudo sucede que golpeo y golpeo las teclas de este pobre computador que no me hizo nada, pero es la única forma que tengo para desquitarme... a menudo pienso que puedo vengarme, pero también a menudo me pasa que no tengo la menor idea de qué... a menudo me levanto a las diez de la mañana y me acuesto a las tres y muy a menudo olvido desayunar. Me obligo a explicar de dónde sale ese deseo de hacer las cosas mal, pero voy de portazos, mi atención se la lleva el viento. –Eso es una proyección que te empecinas en hacer, pero eres lo más atento que he conocido- Pero entonces tienes que conocer más gente, y si soy lo más atento que has conocido, creo que deberías replantear lo que entiende...
Me voy por un tiempo!!!

Olvido:

Me lo sé de memoria

Tristeza

Tristeza... Verse en el espejo y no tener nada que decirse, Ni siquiera nada que mentirse. Tristeza ojos sin ojos, ojos sin luz Labios resecos y muy juntos. Tan parecido a la vida Este latir desesperado Este dolor de cabeza y de mundo Tan triste la vida sin sombras de alma Tan parecido a la muerte, soñar Y no recordar en la mañana Dónde se encuentra ese humo de imagen. Tan triste la vida estar tan solo hasta sin soledades Tan triste el alma sin sombras, El alma sin almas. Con quién si no hay alma se ha de conversar en los sueños? Estar solo con las soledades... Que tan parecido a la muerte...

Déjelo así, maldita sea!

Estaba ahí, mirando la vitrina. Le gustaba ver esos objetos brillantes que van y vienen e imaginar que pendía de esas pequeñas esferas que se ondulan. El suejeto X se acercó cargado de un olor especial, ese olor que es muy parecido al vino tinto con tabaco y picadura. Es mucho mas agradable que el olor a cigarrillo y cerveza o tequila, incluso mejor que el olor a colonia costosa. Es el olor salvaje de una promesa. Entonces, llena y espectante, cerró los ojos e imaginó la cara y cuerpo de ese olor. Ella esperaba al sujeto Y, pero al abrir los ojos se iría con el sujeto X, tras aquella promesa.

Si algún día regresas Victoria

Despejó el camino de las sombras y se abrió paso entre la bruma. La angustia le opacaba los ojos y muy ocupada recogiendo sepias del piso, sentía resbalar unas cuantas lágrimas por sus mejillas, unas muy tristes, otras gloriosas, se pegaban al piso y se aferraban luego a las hojas de los árboles. Para olvidarse tal vez de que fueron lágrimas, o para ver de más arriba esos ojos que las hospedaba. Ella se marchaba, y Victor sumido en un profundo sueño no se enteraba. Podía sentirla tal vez entre las sábanas, respirando dulcemente. Su presencia fue tan fuerte que podía sentirla en su lecho en la distancia. Pero entonces su presencia, era la excusa de extrañarle. Victoria le observó angustiada la noche entera. Cada línea de su rostro, cada gesto, lo guardó amorosamente en la memoria y luego se fue. Observó su frente que envejecía y se preguntaba a dónde iba? ella no podía sentirlo, a dónde se marchaba? qué lugares visitaba? a qué espacios se exiliaba? y envidió su paz. Cuando ella dormía l...

Cosas que ella dice

Ella me dice que debo regresar al mundo... que el mundo no está resumido en una pantalla y que no está reducido a una ventana pequeña. Yo le digo que es temporal, que simplemente no quiero hablar, que mi voz está cansada, también mis ojos y que pronto pasará. Ella dice que debo salir a oler las flores, a entregar un poco de eso que en la soledad se prepara. Qué puede ser? Una especie de odio tal vez? Si salgo no sabré qué hacer. Esa ciudad que hace algarabías por cualquier cosa, y que ríe con esa risa tan falsa, me aburre, y me desespera y me cansa. Ella dice que hay que hacer algo por el mundo. Yo no quisiera hacer nada, pero tampoco quiero estar inmóvil. Y como no quiero estarlo, paso y repaso unos caminos que he tallado en esta habitación del escritorio a la ventana, de la ventana a la puerta, de la puerta a la silla y de la silla de nuevo a la puerta. Pero no me atrevo a abrir. No puedo hacerlo. Se agita mi pecho y pienso: -Rayos, debo ir por la clozapina. Pero no puedo ir por nada...